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Solanum lycopersicum

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tan voluble, plantable

tan ovado, obtuso, foliado

solanum náhuatl

de pecíolos tomatl

 

¡oh tomentoso pedúnculo,

epicarpio de rubí!

tan oblanceolado

lycopersicum lobado

Solanum lycopersicum_Variedad_Cherry_solanaceae_flores_plantas-silvestres_campo_bosque_01

 

tu ombligo de jade,

folíolo de manantial

roja, amarilla o verde baya

pomo de oro al fin quetzal

 

 

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Impresiones: La casa del árbol rojo

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la cuadra recortada del tiempo

con su calle y sus veredas anchas

con sus plátanos robustos

de bolitas peludas

y semillas helicóptero

 

las casas blancas de tejados rojos

con sus enredaderas trepando

las enamoradas del muro

con sus ramitas sopapa

besuqueando estucos y gotelés

 

el espacio que se respira

entre casa y casa

entre puerta y puerta

 

el tiempo de cada cosa

de cada casa

 

la casa con casa que no es

la casa caja

de zapatos

 

y a mitad de la cuadra

recortada de su recorte

la casa del árbol rojo

 

el árbol rojo

enclenque aún

palito en sí

desafiando las cuatro paredes

de jardín interior

tirando estoicamente para arriba

tirando estoicamente para abajo

 

y el grupo de viejas

tomando el té con pastas

cacareando como gallinas

ocupando el espacio árbol

apocándolo con su presencia

 

la casa blanca

de tejado rojo

rojo ladrillo

rojo naranja

rojo miserable

 

el árbol rojo

rojo ensañado

rojo aquí no me quedo

rojo te vas a enterar lo que vale un peine

 

y las viejas con su té

en su casa maqueta

en su cuadra recortada

(del tiempo)

en sus tacitas de porcelana

 

mientras el árbol arriba

crece

se expande

y como el universo

no termina

 

acer

Komorebi (o la luz del sol que se cuela por entre las hojas de los árboles)

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no sabía si estaba vivo o muerto

tomó el paraguas
y salió a la calle en el momento justo
en que la primera gota caía del cielo
y aterrizaba en su zapato derecho

el viento bamboleaba los árboles sacándoles la modorra de encima
la tierra se abría para dejar pasar a la lluvia
los perros andaban de un lado a otro buscando un hueco donde refugiarse

en apariencia
era un día cualquiera

lo que lo hacía dudar
era la medida de las cosas

la medida de las cosas

esa baldosa rota
por ejemplo
esa baldosa no podía no estar rota
tenía que estar rota para que la vieja de Rosales se tropezara
se diera un porrazo y se rompiera la cadera

igual que esa otra baldosa
y aquella
y aquella otra
todo ese desamparo municipal
tenía su razón de ser

debía estar muerto

empezó a caminar

a cada paso que daba
sentía cómo el orden se dibujaba ante sus ojos

perfecto
como la huella de un pajarito en la arena
tuvo miedo
pensó en volver atrás
pero pronto se dio cuenta de que eso no entraba en el plan

no entraba en el plan

cerró entonces los ojos
y volvió a avanzar decidido en dirección al parque

esquivó a las señoras presurosas
a los hombres que se cubrían con diarios la cabeza
a los perros que no habían conseguido refugiarse del agua

y por supuesto
no pisó ni una sola baldosa rota

los pétalos de las flores subían y bajaban con el golpear de las gotas
la lluvia repicaba en los charcos que habían ido formándose
las lombrices se revolvían en la superficie de la tierra mojada

como guiado por una tortuga invisible

llegó a la esquina

se detuvo ante el grito de advertencia de la panadera
pero tras la breve pausa
emprendió de nuevo la marcha
entre puteadas y bocinazos
puteadas y bocinazos
que distrajeron la mirada atenta de la vieja de Rosales
que metió el bastón en la baldosa
y cayó redonda al suelo

las gotas pulposas
le golpeaban con violencia la cara
mientras que el paraguas permanecía cerrado
haciendo las veces de bastón

al otro lado de la calle
lo esperaba el parque

el parque

caminó tocando con la punta de los dedos las hojas empapadas
pateó un par de piedritas que no estaban en su sitio
y llegó por fin
al banco

el banco

el banco había sido verde en algún momento
ahora era solamente una serie de láminas de madera pálida y gastada

finas
endebles
acoquinables

abrió los ojos

miró con detenimiento el sitio
y se sentó
sabiendo que se aproximaba el fin

el fin

miró por última vez alrededor
percibiendo con todos los sentidos que esa mañana
habían aparecido antes de atravesar la puerta

inspiró
pensó en unas últimas palabras

cuando sintió de pronto
que algo le rozaba la pierna

separó despacio las rodillas
se inclinó un poco hacia adelante para ver mejor
y allí se encontró con los bigotes
de un gato jaspeado

un gato jaspeado

dudó un momento

pero al ver que el gato estaba tan empapado como él
pensó que así tendría que ser
que aunque él no lo hubiera notado
tal vez no estaba solo en su destino

volvió entonces a inspirar
y le murmuró al felino que no se preocupara
que la lluvia ya amainaba
y fue ahí
en el preciso momento
en el que la lluvia empezó a amainar

que el gato se le subió a la falda
lo miró directamente a los ojos
y él se dio cuenta de la enormidad de la broma

el gato le sonreía

y ahora él ya no sabía
si estaba muerto
o estaba en el país de las maravillas

Paseo de la motita

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vuela la motita

y se posa

en un hocico

blanco y blando


vuela la motita

para llegar al agua

donde flota

hasta que se hunde


(lógica aplastante)


se hunde la motita

pasando

frente a fachadas azules

de edificios deconstruídos


llega la motita

a una bañera-maceta

donde hay plantada

una huerta


huele la motita

los tomates

la albahaca

y el queso


(sí, una auténtica caprese)


piensa la motita

“prssictii iscriipsi ii ip”

y emprende el regreso

a la superficie


vuelve la motita

al hocico blanco y blando

pasando antes

por las fachadas deconstrídas


compra la motita

bizcochitos de grasa

y se toma unos mates

con yerba canarias


ay, motita sinvergüenza

Rutina

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Hoy estoy de una mala leche sublime. Y vaya uno a saber por qué, en el cole me dieron la nota del examen de ayer y me saqué un flamante 98. Creo que es la rutina, que hay días en que me molesta más de lo normal.

En su honor, subo esto que escribí hace un año más o menos, cuando trabajaba en una tienda muy divina de un barrio madrileño más divino aún. No tiene título y ni falta que le hace.

Salut!

el olor a alcohol que emana del contenedor de vidrio

el menjunje de pan y líquido del que se alimentan las palomas

la subida interminable hacia Tirso de Molina

(coches)

el cemento caliente

la plaga de turistas rosados

el deseo de tomar sus cámaras, arrojárselas a la Cibeles y disfrutar

viendo como intentan cruzar esa rotonda imposible

(autobuses)

la sombra de los árboles

el sonido del agua que corre

el paseo entre los libros

la paz momentánea

(inmensa plaza desierta con inmensa bandera española)

la náusea de la calle Serrano

el bótox de la señora que se exhibe

la depresión previa a la entrada

la sonrisa obligada

el vómito sobre la clienta de turno

Tierra

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tierra que está viva

en una maceta o en un parque,

no tierra muerta

que se pisa en el parquet de casa

 

tierra que huele a lluvia,

no a estornudos,

que abraza y pincha los pies descalzos,

que ensucia las manos y que se cuela debajo de las uñas

 

tierra que me meto en vena

para recordar de dónde vengo

y hacia dónde voy,

para recordar que no tengo cables

sino arterias

 

tierra que se mezcla con mi sangre,

que se hace barro, arcilla

y que uso para modelar,

crear y construirme

 

tierra para inventar nuevos cuerpos

que olvidarán pronto

que son tierra,

barro y arcilla

 

tierra que se recordará

llegado el momento:

 

agarraremos el puñado,

nos lo llevaremos a la boca,

masticaremos,

y tragaremos

 

y seremos

una vez más

tierra.