Encuentros cercanos del tercer tipo

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-¿Pero no te da vergüenza salir a la calle así? -me preguntó Irene, una de mis encargadas en Mango.

-¿Así cómo? -le dije yo.

-Pues con la cara como la tienes…

-Hombre, si quieres no vengo a currar -le contesté todavía incrédula de lo que había escuchado.

Hacía unos días me habían salido unas manchas rojas en la frente que parecían volverse loquitas con el polvo del almacén donde trabajaba. Yo intentaba no rascármelas por pura lógica, pero no era tan fácil: la cara debe ser de lo que más nos toqueteamos, por lo menos en público.

Cuando vi que la cosa no mejoraba espontáneamente fui a mi médico de cabecera. Sus conocimientos en el campo dermatológico lograron que las manchas me picaran el triple que antes y que, en añadidura, me escocieran. Mea culpa por creer que la misma persona que me dijo que tal vez mis hipoglucemias tenían algo que ver con un exceso de insulina -pero que mejor se lo preguntara a mi endocrino- iba a solucionarme el problema.

De alguna manera conseguí evadir el eficaz sistema sanitario español evitándome así de tres a cuatro meses de espera, pero como tampoco me lo iban a poner en bandeja tuve que ir a un dermatólogo a tomar por culo. Seguro que era por la línea violeta de Metro: nadie sabe qué hay ahí, ni los españoles ni los inmigrantes que viven en Lavapiés. Misterio absoluto.

Llegué al lugar con un librito de Cortázar bajo el brazo (el metro y las largas distancias crean una raza subterránea autóctona de este medio de transporte: el lector), parecía un área abandonada. Edificios a medio hacer, baldíos con cimientos dejados de la mano de Dios. Caminé por las calles mojadas hasta que finalmente encontré el centro de salud: se parecía más a una casa de barrio de Rio Cuarto que a un consultorio.

Mientras esperaba leí De la simetría interplanetaria y algún otro cuento más de La otra orilla. Eso enrareció más el ambiente de casadebarrioriocuartense, ya que el Córtazar que yo conocía, el de Rayuela o Bestiario por ejemplo, poco tenía que ver con el que estaba leyendo en ese momento. Eran textos -algunos más que otros- que todavía no tenían esa esencia tan reconocible a los ojos de los que nos hemos chupado casi toda su bibliografía. Cuentos extraños en un lugar extraño. Él hubiera estado encantado.

Cuando por fin entré a la consulta casi no me dio tiempo a sentarme: apenas verme, la dermatóloga dio un respingo en la silla y salió farfullando de la habitación. Me quedé un momento a solas con una practicante que me miraba con el mismo asombro con que yo contemplaba la situación, cuando la especialista volvió a entrar en la habitación armada de una cámara digital y, sin tomarlo ni beberlo, empezó a sacarme fotos. Mientras tanto no paraba de hablar y contarle cosas a la practicante que ahora me miraba con interés científico. No recuerdo mucho más allá de la sesión fotográfica, y con suerte llegué a enterarme de que lo que tenía eran verrugas (verrugas??) y que debía aplicarme una pomadita que a los pocos días me devolvió una cara incluso mejorada.

Ahora, siempre que vuelvo a esta anécdota, además de preguntarme adónde cuernos habrán ido a parar esas fotos, pienso en lo mismo: Irene realmente creía que yo era un bicho raro por no intentar tapar esas manchas con maquillaje. Mientras que para mí lo de otro planeta era que alguien disfrutase viendo Gran Hermano y leyendo Crepúsculo.

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  1. Mirá que no odio ni detesto muchas cosas, pero Gran Hermano y Crepúsculo son probablemente las únicas porquerías que me han generado tanto rechazo como para evitar a toda costa escuchar, enterarme, ver, leer o lo que sea, cualquier cosa que tenga que ver con ellos.

    Me gustan los párrafos en que describís el lugar y la lectura de Cortázar. Lo tomaré a modo de recomendación, y buscaré esos textos ; )

    Gracias por compartir esto. Saludos!

    • Verdad que sí? Mi chico en un ataque antropológico me hizo ver la peli de Crepúsculo -“hay que ver para criticar” dijo- y valió la pena solamente por descubrir que el vampiro a la luz del sol en lugar de chamuscarse… brilla! Respecto al Gran Hermano, el único mérito que tiene es que dio origen a la serie Dead set. Nada más.

      Gracias por contarme lo que te gustó, me activa las neuronas :) En “La otra orilla” hay un cuento que me parece particularmente hermoso: “Bruja”.

      Abrazo!

  2. Acá uno de los conductores de un programa radial de gran audiencia dice que no entiende por qué a las minas les gustan tanto los vampiros de crepúsculo. Según él, como los vampiros tienen una cuestión con el tema de la sangre, es más que obvio que no les funciona correctamente el aparato reproductor masculino (en realidad dice que no se les para, directamente, y para mí algo de razón tiene)
    De gran hermano no voy a decir nada. Ya me han lastimado lo suficiente al haberme rechazado siete veces la entrada a la casa (mentira, sólo quería decir la palabra siete para ver si usted se acuerda que tiene algo pendiente)

    Es verdad que cuando leemos nos sumergimos como en un sub mundo y así vamos por la calle. Coincido con Natán que está muy bien esa parte del ambiente raro en la espera leyendo La otra orilla. También están buenas esas pomadas que te devuelven una cara incluso mejorada.

    Saludos!

  3. En casa también nos lo hemos preguntado: se les para a los vampiros? La hipnotizan para que se les pare? Hipnotizan a la víctima para que crean que se les ha parado? Se les para solamente cuando chupan sangre? O al final es todo mucho ruido y pocas nueces? Tantas dudas existenciales…

    Siete veces, siete… me suena de algo, sí. Lo sé. Soy un desastre!!!!

    En Madrid la gente lee un montón en el metro, acá (quitando a la mañana, que leen el diario) van calladitos mirando a la nada. Creo que hacen introspección, para no perder la costumbre.

    Abrazo y gracias!

    • Perdón por llegar tan tarde con mis boludeces.
      Talita, no hay (que se sepa) registro confiable de la actividad sexual de los vampiros; pese al evidente vínculo semántico, las vampiresas parecen ser otra cosa, y -en todo caso- no sería extraño que pertenezcan a la conocida categoría freudiana de las que calientan la pava, pero jamás se ponen una bombilla en la boca, si se me perdona la analogía un tanto soez.
      Dada aquella ausencia de datos confiables, puede postularse que los vampiros carecen de pito, o de cualquier otra pieza anatómica capaz de pararse.
      Parecen encarar, en cambio, su actividad sexual a través de sus caninos superiores, siempre rígidos, eso sí. Al menos, eso sugiere la expresión extasiada (pese al imaginable cagazo) de todas sus víctimas femeninas, al ser mordipenetradas en todas las escenas que la vasta filmografía atesorada hasta hoy nos ofrece de tan privado acto.
      La persistente existencia de vampiros masculinos sugiere, sin embargo, algunas conductas alternativas a lo recién señalado, pero no seremos nosotros quienes ejerzamos forma alguna de discriminación. (A tal respecto, recomiendo nuevamente la visión de “La danza de los vampiros”, de Polanski).

      Esperando fervientemente haber contribuido a disipar algunas dudas, y comenzando la frase con un gerundio (cosa desaconsejada por la ortodoxia), saludo a Ud. muy atte.

      • “Mordipenetradas”, qué imagen. Me ha dado un escalofrío y todo.

        Mi querido Horacio, su contribución no sé si ha aclarado más o menos sobre el asunto, pero inquietar, inquieta. Pensar en un hombre -en un vampiro!- sin sus órganos reproductores me pone triste. Gary Oldman no se lo merece. Robert Pattinson sí, pero Gary no.
        Me pregunto qué diría Vlad Tepes de todo esto.

        Me apunto la peli de Polanski para ver y le mando un gran abrazo de feliz cumpleaños. Faltaría más.

        • Gracias, Talita.

          Tengo que contenerme para no spoilearte “La danza…” con algún comentario. Sólo te diré que tiene algunos golpes de humor extraordinarios, nunca antes vistos en el género. Que la disfrutes; no dejes de hacérmelo saber. A propósito: mi @ es horacio.aragona@gmail.com .
          Si la ves a la Merkel, transmitile mis más afectuosos recuerdos, y mis mejores deseos, para ella y su señora madre.

    • Y conste (for the record) que para enviarle mi comentario de recién he interrumpido brevemente una tarea sumamente importante a la que me encontraba abocado, cual es la de cumplir años. Cuestión que retomo a partir del siguiente click.

      • Tengo tu mail! Hace un tiempo me pasaste un tema tuyo, te acordás?
        Apenas veo la peli te cuento.
        Y a la Merkel… a la Merkel le doy saludos de parte tuya, mía y de todos los españoles.

  4. No es introspección lo de los alemanes. Muchos de ellos andan pensando como van a joderla otra vez. Respecto a Abel obligando a ver para juzgar, auto-otorgarme un hito en esta cruda costumbre: haber leído el libro La vida iba en serio de Jorge Javier Vázquez. La venganza la serví helada, ese mismo dia.
    salut!

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