Archivos Mensuales: febrero 2012

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Quería postear algo nuevo, pero mi imaginación hoy está en stand by. Intenté empezar algo y hace una hora que estoy con cara de estúpida mirando el monitor. Creo que es la humedá.

Así que lo soluciono reposteando algo que tengo en el tumblr. Nomás hasta que el tránsito se reactive. Salut!

 

Para ser ñoño

 

Para ser ñoño no hace falta tener serios problemas de acné como se hace saber en la Wikipedia. Tampoco es menester padecer de obesidad mórbida, ni ser un comelibros o un adicto a la tecnología.

No.

 

Para ser ñoño hay que saber que hay un más allá. Más allá de las estrellas, más  allá de la Tierra Media, más allá del Muro. Todo aquello que parece intangible el ñoño lo siente.

Sí. Ser ñoño es un sentimiento, no un estado.

 

Para ser ñoño sólo hace falta tener el corazón disponible.

Tal vez un día te inviten a una partida de D&D. Tal vez tu suegra te convenza de que no hay nada mejor que el PvP. Tal vez tu marido te deje por una elfa oscura llamada Altáriel.

 

Lo importante es que ocurra.

 

Entonces déjalo entrar.

Ríndete ante su omnipotencia y celebra culto a Eru, padre de todo.

Eleva tu alma a los antiguos y nuevos dioses y comparte humildemente su eterna sabiduría con tus hermanos ñoños.

Y vive la experiencia de ser ñoño. Ágætis byrjun.

 

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Una cada ocho horas

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-Buenas tardes.

-Buenas tardes, ¿en qué lo puedo ayudar?

-Si mire, estaba buscando algo para el mal de ojo.

-Vamos a ver… ¿sabe quién se lo echó?

-Mi suegra.

-¿Está seguro?

-Bastante.

-Este tónico es muy efectivo para estos casos, pero…

-¿Si?

-…si no hubiera sido su suegra, tiene riesgo de que le caiga gualicho. Y el gualicho es un poco más jodido de hacer remitir.

-Uhhh. Espérese entonces. No sea cosa.

-¿Marianita? Hola mi amor, ¿me pasás con mami por favor? Gracias mi vida. Gorda. Sí, estoy en la farmacia, escuchame, ¿seguro que fue tu vieja? No, es que si no me cae gualicho. Sí. Sí. No sé, en la de la esquina. Ahá. Bueno, le pregunto. Beso.

-¿Ricardo es usted, verdad?

-Para servirle.

-Parece que mi mujer ha comprado aquí antes y usted le ha dado unos masticables.

-Nooo, no los traigo más. La gente se quejaba de que aflojaban el vientre, así que corté por lo sano.

-Entonces lo que tiene ahora es el tónico.

-También tengo un par de infusiones, pero es un tratamiento más largo.

-Es que es un tema que tengo apuro por zanjar. Déjeme que hago otra llamada y nos sacamos la duda.

-¿Doña Coca? ¿Cómo le va? Si, Jorge le habla. Bien, bien, muchas gracias. Bien también. No, está en casa que hay paro. Sí, era para preguntarle si se acuerda usted de haberme ojeado… Y, no sé, la semana pasada capaz, cuando fuimos a comer los ñoquis. Sí. Mmm, no sé, a ver un momentito.

-Disculpe, ¿con una puteada alcanza?

-Depende.

-¿De qué depende?

-De la calidad.

-“Más pelotudo y nace oveja”. A lo mejor hubo algo más en el desarrollo del día, pero eso fue lo más contundente.

-Imposible entonces. Eso no le da ni para un corte de digestión.

-Gracias.

-¿Doña Coca? No, eso no fue. ¿No me habrá mirado feo? Vio que eso es lo más común… sí, es verdad, apenas si me mira. Bueno, le agradezco igualmente. Saludos a Don Pocho.

-Fíjese que yo hubiera jurado que fue ella. Hasta mi mujer me lo dijo.

-Suele confundirse la hostilidad con la envidia. Piense que la envidia es la base del mal de ojo.

-Tiene usted razón, no lo había pensado así… ¿será alguien del trabajo?

-¿En qué trabaja usted?

-Soy empleado público, trabajo en la…

-¿Empleado público dice?

-Sí, hace unos veinte años.

-¡Veinte años! Pero hombre, ¿y recién ahora tiene síntomas?

-Siempre tuve problemas para dormir, pero últimamente también tengo jaquecas. ¿Cree entonces que es alguien de mi trabajo?

-¡Lo que usted tiene es una salud de hierro!

-Pero digo, ¿será alguien del trabajo? Por lo del tónico le pregunto.

-¿El tónico? Ahhh, nooo, olvidese: lo suyo es crónico. Viene inherente a su ocupación.

-¿Crónico? ¡Pero eso quiere decir que no se cura!

-Quiere decir que se va a tener que cuidar más.

-No lo puedo creer… y tendré que tomar algo, ¿no?

-Ahora le explico. Mire: tiene que tomarse una de estas antes de ir a dormir y estas dos con el desayuno. Este es un miorrelajante nomás, pero le va a venir bárbaro para el problema del sueño. Esta le genera una película protectora, es para prevenir, mientras que esta otra ataca el problema de forma activa.

-¿El problema?

-El cliente.

-Ah.

-Las toma entresemana. Durante el fin de semana descansa, a no ser que tenga que hacer horas extra o algo así. Y cualquier cosa me consulta.

-Muy amable Ricardo. Cobrese por favor.

-Gorda. Sí, ya estoy yendo para allá. No, no era al final. Es crónico, dice, por el laburo. Me dio tres pastillas, ninguna por mutual. No sé, hasta que me jubile supongo. Bueno. Ah, no, si me quedé sin plata. Y sí, a mi también me gustan más con queso, pero qué querés, la vida es así de hija de puta.

Tenemos tanta suerte

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Hace 5 meses llegamos a Berlín y ya tenemos de todo. Tenemos plata para comer, casa donde vivir, escuela donde estudiar. De la economía por ahora se encarga el estado, pero la logística tiene mérito propio. Hemos sabido atornillarnos a la silla al grito de “wir sprechen Englisch, wir sprechen nicht Deutsch!”, consiguiendo así entrar en el sistema. Hemos encontrado un lugar donde venden Canarias y, más aún, hemos encontrado una página de internet donde es más barata y encima te la traen a casa. Pero nuestro mayor logro ha sido quitarle la casa a un par de italianas.
Todavía recordamos el momento de “che, qué buena está esta casa… ¿te imaginás que nos pudiéramos quedar acá?”. Pues diosito así lo quiso. Quiso que la inquilina oficial fuera una señora pasota que hace un año no pisa Alemania, quiso que Herr Schmidt (San Herr Schmidt para algunos) fuera también un señor pasota a quien no le interesa quién vive su casa mientras esté allí legalmente, y quiso que Kaisa, la finlandesa que vivió durante todo ese año de forma ilícita en el piso, decidiera mudarse no sin antes avisarnos. ¡Halleluia!
Si bien pasamos un par de meses en la inopia, el resultado a día de hoy es maravilloso, porque no sólo despojamos a esta gente de su hogar, sino que tenemos la conciencia limpia por haberlo hecho. Antonietta Berlusconi* no se dignó a respondernos un sólo mail ni a hacerse cargo de su situación. Fue gracias a su hija que pudimos hacerles saber que Herr Schmidt ya no las quería de inquilinas y que sus cosas iban a ser colocadas en un desván por si quisieran volver a buscarlas.
Sí, tenemos mucha suerte. La casa ya es nuestra y, ante la evidencia de que a las Berlusconi les importa un comino, también es nuestro el mobiliario que en ella quedó. Y el lavavajillas. Y la ropa que me andaba.

*Apellido ficticio para evitar posibles desmoralizaciones del pópulo.