Talita, la cyborg (II)

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Este post es el segundo de la Saga Talita, la Cyborg
Aquí el primero

En septiembre se cumplieron 7 años del desafortunado acontecimiento, los mismos años que hacía que no nevaba en Rio IV y los mismos años que hace que no vuelvo. Capaz ya vaya siendo hora de una visita, con suerte me pongo de nuevo al derecho y se me reactiva el páncreas. A lo mejor el pobre lo único que quiere es volver a casa. Pero, ¿cómo le explica uno al cuerpo que el emigrante tiene muchas casas y ninguna? No me hagan caso, a estas horas de la noche me pongo melancófica.

Nos habíamos quedado en Tenerife, con su calorcito insular, su hora menos y su vacacionar estándar. Sí señor, nada más estándar que un apartotel con espectáculos nocturnos, karaokes y desayunos continentales. Si hay un infierno para modernos, tiene que parecerse a eso. Nosotras nos pasamos la mayor parte del tiempo al lado de la piscina como lagartijas al sol porque con mi nona no podíamos ir demasiado de aquí p’allá, y les digo que sin ninguna culpa: las vacaciones estándar implican un gran porcentaje de rascarse el potorro.

Los días fueron pasando sin mucho revuelo. Un día paseamos en barco, otro fuimos a un spa; conocimos una playa de arena negra, tomamos helado… y entre una cosa y la otra, hice pis hasta decir basta. Así es: la diabetes trae litros de pis consigo.

La fiesta del pis y la sed

Mucha gente se asusta cuando le mencionás que uno de los síntomas más evidentes de la diabetes es la sed. Para evitar que dejen de leer y empiecen a preguntarse cuántas veces tomaron agua hoy, voy a intentar explicar claramente cómo es esa sed: acaban de comerse un guiso pasado de sal y en lugar de tomar agua salen a correr varias vueltas a la manzana. Ahh, ya se les está secando la boca, ¿eh? Bueno, así. Esa sensación entre 4 y 5 veces solamente por la noche. Menciono ese detalle porque es de noche cuando la sensación es más notable; durante el día uno bebe sin prestarle atención y más cuando es verano y te pasás todo día como lagartija al sol. Recuerdo una noche que estuve al borde del pánico: me levanté a tomar agua y ya no quedaban más botellas. No sé qué hice, probablemente tomar de la canilla por más que fuera espantosa, sin embargo lo que tengo aún presente es la desesperación que sentí en su momento.

Y bueno, con tanta agua no puede haber menos pis. Piensen que la situación interna es esta: tenés tanta azúcar en la sangre que ya está entre almíbar y punto caramelo; como el cuerpo no te puede decir “gorda dejá de comer”, te pide agua porque es la única forma que tiene de sacarse ese exceso de encima. Si alguien hubiera probado mi pichina en esos días, la habría notado dulce. No me miren con esa cara, gracias a que alguien en algún momento de la historia la probó es que la diabetes mellitus se llama así.

Talita en Tenerife

Talita en Tenerife

El after de la pota y el agotamiento

Regresamos a Madrid, esta vez sin ningún altercado aeropuertuario, y me preparé para la última etapa de mi viaje: la peregrinación. No debo haber estado muchos días en casa, porque ya empezaba a sentirme mal: me dolía mucho la cabeza y tenía un poco de náuseas. De haber pasado más tiempo no habría llegado a viajar. Pero como yo soy tozuda antes que persona fui lo mismo, que ya se me pasaría en el trayecto.

El pueblo de mi amiga Virgi se llama Pueblonuevo del Bullaque y queda por Ciudad Real -los españoles tienen esas cosas, un día te bautizan un lugar como Villaviciosa de Odón y otro como Rio Cuarto, nunca se sabe lo que te va a tocar. La idea era hacer una caminata hasta llegar hasta una virgen y acá es donde tengo que aclarar para que no se preocupen. No, no soy devota de ningún dios popular, lo fui de pequeña y hasta de adolescente, pero ahora sólo creo en Orcos, Potuses e Inteligencias Ulteriores. Aclarado el tema, sigo. Me apunté al trayecto porque me encantan las caminatas, ya sean por campo, bosque, montaña… me da lo mismo siempre que termine toda roñosa, con el pelo seco por el polvo y la nariz colorada. Pero como ya dije en el post anterior: no llegué a verle la cara a ningún santo.

Al poco de llegar al pueblo el malestar se agravó, vomité después de cenar y vomité de madrugada cuando nos levantamos para arrancar. Yo seguía sin hacerme a la idea de no cumplir con mi propósito, así que fui de todas maneras. No tengo idea si caminé algo o no, lo único que recuerdo estando al aire libre es potar el Colacao. Probablemente en ese momento alguien más responsable se hizo cargo de mí.
La madre de Virgi me llevó primero a un médico de guardia que me diagnosticó gastroenteritis, me dio un poco de suero y me despachó diciéndome que beba mucho Aquarius. Tal vez si hubiera prestado un poco de atención a mi aliento no me habría dejado ir tan rápido, la cetoacidosis, que es lo que empieza a pasarte cuando llevas mucho tiempo con el azúcar tan alta, deja un gusto/olor muy característico a frutas en descomposición. Ese es el olor del peligro.
Una vez en la casa intenté relajarme, ya era bastante molesta la situación por la que estaba haciendo pasar a la familia de Virgi y no quería incomodar aún más. Hice lo que el médico me dijo, pero la única forma de que el Aquarius se quedara dentro era durmiendo. Y ni así. Empezó un bucle que puede haber durado horas o minutos en el que bebía, dormía, me despertaba, vomitaba, dormía, me despertaba, bebía, dormía, me despertaba, vomitaba y todo esto con el cuerpo cada vez más pesado, la respiración entrecortada y un agotamiento que nunca antes había sentido. Al final tuve que pedir que me llevaran al hospital.

En el hospital de Ciudad Real tuvieron que ir a buscarme a la entrada con silla de ruedas porque ya no podía ni caminar. Al ingresar tuve que esperar un momento mientras hacían mi registro y me hacían un análisis de orina (si la hubieran probado habría sido más rápido) y yo lo único que pedía era agua, tenía la boca como la suela de un zapato. Un enfermero al que debo haberle dado mucha pena me dijo “sólo te puedo dar esto”, era un pedacito de gasa empapado en agua.
Y fue entonces cuando ocurrió el milagro: un grupo de enfermeros y médicos salió de la nada, me rodearon, me desnudaron en un santiamén y mientras uno me zamarreaba de un hombro, una mujer me hablaba como si no hubiera mañana. Recuerdo clarito cuando me preguntó si alguien más en mi familia tenía diabetes, le dije que mi papá y entre puchero y puchero también le dije que yo no quería dejar de comer golosinas.

La resaca de las intravenosas

Estuve en terapia intensiva dos días. Tenía más agujas en el cuerpo que el pelado de Hellraiser. El médico que me había zamarreado, en realidad lo que intentaba era ponerme una vía, cosa que no debe haber tenido fácil porque a esa altura yo ya había perdido 7 kilos por la deshidratación y tenía menos carne que un hueso de pollo. También me pusieron vías en los brazos y mano, pero no sé en qué momento pasó, por lo que debo haber estado muy cerquita de perder el conocimiento (eso es lo más grave que te puede pasar, podés caer en un coma diabético y podés incluso llegar a estirar la pata). ¡Hasta una sonda tenía puesta! Eso sí que es raro de cojones, en un momento tenés ganas de hacer pis y en otro sentís alivio sin haber hecho nada. Suena a pecado.

Talita en recuperación

Talita en recuperación

Esos días fueron raros, yo ya no me sentía tan mal, o mejor dicho, me sentía notablemente mejor, sin embargo la cara que ponía mi familia al verme me hacía agradecer no tener un espejo a mano.
Al pasar a planta la recuperación fue bastante rápida, volví a ganar casi todo el peso que había perdido y poquito a poco empecé a moverme de nuevo. Al principio necesitaba ayuda para bañarme y para andar; el cuerpo me dolía como si me hubieran molido a piñas pero el médico me obligaba a caminar. La semana que pasé en planta la recuerdo casi con cariño, fue muy pacífica y nunca me sentí sola. Mi abuela y mi madre, Virgi y su familia, Ale que viajó desde Madrid, incluso Maca desde la distancia al haberme regalado La noche del oráculo, el libro que tenía que leer en ese momento, todos hicieron que la experiencia fuera menos dura. Y el yogur natural edulcorado, eso también ayudó.

Bueno amigos, hasta aquí esta segunda parte. Vendrán más, en 7 años he tenido tiempo de vivir alguna que otra aventura con mi enfermedad. Desde aprender a calcular carbohidratos hasta tener que contestar las mismas preguntas ochenta veces, desde proponerme vivir una vida sana y equilibrada hasta entender por las malas lo que las drogas le hacen a un cuerpo que no sabe regular su azúcar, desde los bolis de insulina hasta Talita la cyborg. Todo eso y mucho más.

Predicciones 2015

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Pilares

-Gran época para plantar Conejillos de Nígeres y publicar Hechos Aleatorios. Las Hojas de los unos y los otros podrán alimentar la población completa de Hespérides en febrero. En marzo, todos muertos.

-Mientras que los Estúpidos se dedicarán a arrasar con las Faces (facĭes facĭae), los Prepónidos los señalarán con el dedo y más bien se reirán. Los Potuses intentarán mantenerse al margen, mas su veneración por la Sopapa (no saben que hay más de dos) les provocará gran revuelo intestinal y terminarán diciendo que “Sangría nunca más”.

-Los Tanteódromos harán llenazo: serán populares el Trío Los Amores y la Agrupación Pasión. Batallarán a muerte por una Flor aparentemente inocua.

-No invierta en Meditación, las acciones caerán en picado gracias a la Inmediatez de lo Virtual. Para reclamaciones por inversiones anteriores no se dirija a ningún lado, estése quieto y no abra la boca por, por lo menos, veinte minutos.

Sobre los procesos creativos II

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“¡No, la gente no ha llorado lo suficiente con La tumba de las luciérnagas! ¡Dadme más sufrimiento, es lo único que alimenta mi alma!” Isao Takahata, sobre The Tale of the Princess Kaguya.

“¿Sabes aquellas películas que solíamos hacer hace tiempo, que forman ya parte de la memoria colectiva y que quedarán para siempre en nuestros recuerdos? Bueno, pues eso no.” Terry Gilliam, sobre The Zero Theorem.

“Chris [Nolan] no paraba de bromear al respecto: ‘O paras aquí o te sustituyo por John Williams’ me decía. ¡Tenía miedo de que la música fuera mejor que la película! (risas). Ahh, el viejo Chris, el viejo y temeroso Chris.” Hans Zimmer, sobre Interstellar.

“Peter [Jackson] quería algo muy concreto: las estampas que hace el negro en Amanece, que no es poco. No fue tarea fácil encontrar alguien que diera con el perfil, hasta que un amigo nos presentó a Richard [Armitage]. ¡Qué maravilla! Tú le decías Thorin aquí, haciendo estampa con esto verde que es la montaña o Thorin allá, posando con esto verde que es el águila; y el tío iba y lo bordaba.” Andrew Lesnie, sobre El Hobbit.

“¡Claro que sí! ¡’Actor’ y ‘actor de doblaje’ es exactamente lo mismo!” Peter Griffin, sobre A Million Ways to Die in the West.

Las aventuras de Yanpól, el Tiflin Nivel 1 (II)

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-¡Corra Soberbio, corra! -gritó Yanpól saliendo por una de las puertas laterales de la bóveda.

-¡Pero Yanpól! -dijo Soberbio mirándolo estupefacto- ¿Cómo es que va usté así por la vida?

-¡Que corra le digo! -repitió arrastrándolo del brazo.- Me ha visto sólo uno, pero se puso a dar voces como si no hubiera mañana.

-No me extraña, no se anda encontrando uno con tiflines en pelotas muy seguido. Por aquí -dijo señalando el camino que había marcado como seguro.- ¿Y? ¿Encontró algo?

-Un pergamino -dijo Yanpól sacando un rollo arrugado de no se sabe muy bien dónde.

-¡Un pergamino! -repitió el enano ahogando un gritito de excitación. -Déme.

-Pero no se detenga, hombre, que estarán todavía detrás nuestro.

-Está… resbaloso -dijo Soberbio tomando una punta del rollo entre índice y pulgar y manteniéndolo a una distancia prudente de la cara.- ¿Me va a contar de una vez cómo consiguió meterse en la bóveda? -preguntó levantando la mirada hacia Yanpól.

-Que sí, que sí -contestó el tiflin arrebatándole el pergamino-, pero cuando nos pongamos a cubierto. ¿No me prestaría la capita? Yo después se la lavo.

-Mpff… -refunfuñó el enano mirando el extraño brillo que tenía hoy su compañero- Venga, va. Aunque lo que más llama la atención es lo que se le ve por delante, que lo sepa.

-Bueno, bueno -dijo Yanpól entre tímido y orgulloso-, eso es también herencia familiar.

-Respeto -contestó Soberbio haciendo una pequeña inclinación de cabeza.- Vaya usted primero amigo, que mi capa le da +2 a todas las defensas.

-¿Más 2? ¡Pero qué dice! -exclamó Yanpól parándose en seco.

-Sí, señor. Se la sisé a un gnoll que andaba solo y desprevenido.

-¿Enfrentóse usted con un gnoll? ¿Un gnoll que usaba una capa +2?

-Bueno, para ser justos, se la saqué mientras se bañaba. ¿Sabía usted que los gnolls eventualmente se bañan?

-¿Y sabía usted que no tenemos Nivel suficiente para usar esta capa?

-Qué me cuenta.

-Que no podemos usar objetos que tengan más de cinco Niveles de diferencia…

-¡Shh! -dijo Soberbio haciendo un gesto con la mano.- Alguien se aproxima.

 

Continuará… 

 

Las aventuras de Yanpól, el Tiflin Nivel 1 (I)

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-Tanto porte al pedo -pensó Yanpól mientras fregaba las letrinas. -Si al menos me mandaran a hacer recados le podrían sacar partido a mi gallardía. Pero no, a limpiar baños me ponen, qué lo re parió.

-Al menos todavía no le sacan la guapura a sopapos -dijo el enano que limpiaba el suelo-, a los elfos les dejan la cara como un mapa. Porque ellos son guapos estándar, ¿vio?

-¡Pero maese enano! ¿Puede usted leer la mente? -lo interrumpió Yanpól sobresaltado.

-Y ya ve para lo que me ha servido -contestó enseñándole el trapo roñoso con el que fregaba.- Le digo que tiene usté suerte, que con eso de que tiene cuernos y rabo, además de ese magnífico bronceado cobrizo, se salva de unas cuantas palizas.

-Gracias por los halagos compañero -dijo incorporándose y limpiándose la mugre de las rodillas-, pero ya ve que yo tampoco he llegado muy lejos.

-Pero usté es un tipo formado, se le nota en lontananza -dijo el enano acariciando su larga barba-; usté si quiere de acá sale.

-Bah, formado… Tengo un noble linaje, si a eso se refiere -dijo algo melancólico-, mas de mi glorioso pasado sólo conservo estos inestimables quevedos. -El saquito que tenía en un bolsillo oculto estaba hecho de retazos toscamente unidos: con cuidado extrajo los espejuelos que relucían a pesar de sus años.

-¡Pero qué belleza! -exclamó el enano limpiándose las manos en la ropa antes de tomar los quevedos.

-Siete cincuenta -dijo el tiflin señalando los cristales-: no veo tres en un burro.

-Con razón anda siempre con los ojos a media asta.

-Claro, claro, si no entorno termino siempre con la pezuña adentro de la letrina.

-Amigo tiflin -dijo el enano devolviéndole solemnemente los quevedos-, mi nombre es Soberbio.

-Me alegro mucho compañero, el mío es más bien simple.

-No hombre, no. Me llamo Soberbio.

-Ah, disculpe pues. No tengo conocimiento de la antroponimia enana.

-No se preocupe, me pasa a menudo.

-Yo soy Yanpól -dijo el tiflin extendiendo su mano-, el tiflin Nivel 1.

-Tanto gusto -respondió Soberbio con un enérgico apretón-. Usté y yo tenemos cosas en común compañero, ya va a ver como zafamos de esta.

Talita, la cyborg (I)

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Este post es el primero de la Saga Talita, la Cyborg

 

-Este viaje está gafado -dijo la bruja.

-¿Cómo que está gafado?

-Está gafado, acá algo pasa.

-…

-No sé el qué, pero algo pasa. Está gafado.

 

Ustedes ya me conocen y saben que me tomo estas cosas en serio, así que esta declaración me estuvo carcomiendo un poco la sesera. Un poco nada más, piensen que hacía ya un par de años que no viajaba a Argentina y que el viaje anterior, gracias a la combinación con mi ex, había sido un desastre; así que la frase quedó revoloteando en mi cabeza pero no me impidió disfrutar de asados, alfajores y amigos (en ese orden). La verdad fue un viaje precioso, uno no sabe lo mucho que extraña a alguien hasta que lo vuelve a tocar. Me reí muchísimo con mis amigas, me reencontré con mi mejor a amigo y el invierno me regaló un poco de nieve. Hacía 7 años que no nevaba en Río Cuarto.

Al final, el mes pasó sin ninguna catástrofe -por lo menos ninguna que valga la pena remarcar- y tocó a volver a Madrid. Viajé con mi abuela, que venía de visita por segunda vez. En la terminal, antes de tomar el colectivo a Buenos Aires (otro día les cuento lo lindo de gastar 24 horas de tu vida en transportes para llegar a tu casa), me pesé en una de esas balanzas que hay en las farmacias. Mi gorda miserable interior nunca me deja gastar la monedita que hace falta para subirse, así que seguro que me la facilitó mi papá. La curiosidad del asunto: había bajado de peso. Primero pensé que la máquina estaba mal, pero después me dije a mí misma que me habría pesado mal antes del viaje, o que simplemente tenía un metabolismo maravilloso. Todo este cuestionamiento no fue porque sí, realmente había comido como una gorrina durante el mes entero. La duda quedó ahí, no volví a pensar en eso hasta el momento pertinente.

Ya en Madrid descansamos un poco (las 24 horas de tu vida en transportes, etc) y partimos rumbo a Tenerife con la familia al completo -lease plus mi madre. Al aeropuerto parece que llegamos con lo justini, aunque si tengo que ser sincera no me acuerdo en absoluto. Lo único que sé es que nos tocó embarcar últimas o así lo procuraron los soretes de Iberia. Das Problem: el vuelo estaba lleno. Después de mucha charla con el walkie, decidieron que dos entraban y que una se quedaba afuera. Tenía que ser la jovencita, en eso estábamos todos de acuerdo (sí, yo hacía como que vale pero en realidad estaba implosionando por el estrés), así que le pedía las llaves de casa a mi mamá y, cuando estaba a punto de rajar, los soretes me indicaron que antes tenía que pasar por el mostrador de Iberia. Me recorrí la T4 de cabo a rabo no sé cuántas veces, lloraba a moco tendido por el disgusto, el cansancio y la vida en general, y puteaba a la bruja por haberse confundido de viaje. Cuando por fin me tranquilicé, di con el dichoso mostrador y expliqué lo sucedido. Quien me atendió se disculpó por la empresa y me dijo que un bus me pasaría a buscar para llevarme a un hotel donde pasaría la noche y de dónde me recogerían a la mañana siguiente para tomar el primer vuelo a Tenerife. Y para cerrar, záscate, me plantó 450 eurazos delante. Ahí se acabaron todas mis penurias y me fui calladita a esperar el bondi. Así de cochinos somos los humanos.

No me acuerdo qué hotel era, sólo sé que no he vuelto a estar en una habitación así (ya saben, hay una vida mejor pero es más cara). Cené, me duché, robé jabones y dormí como un angelito. Al día siguiente viajé fresca como una lechuga. Y bueno, por más que mi abuela y mi mamá llegaron a tiempo, tengo que decir que la que tenía los sánguches era yo, y a la hora que ellas llegaron lo único que había disponible era una máquina expendedora. Tomá bruja de mierda, te vas a gafar a tu vieja.

Así que, resumiendo, la cosa no había arrancado del todo mal. Todavía quedaban dos semanas en Tenerife y yo ya tenía prevista una peregrinación por tierras castellanas a la vuelta. No se asusten, al final no llegué a verle la cara a ningún santo, pero eso no lo van a saber sino hasta el final. Y no se preocupen, la siguiente entrega no se hará esperar tanto.

Impresiones: La casa del árbol rojo

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la cuadra recortada del tiempo

con su calle y sus veredas anchas

con sus plátanos robustos

de bolitas peludas

y semillas helicóptero

 

las casas blancas de tejados rojos

con sus enredaderas trepando

las enamoradas del muro

con sus ramitas sopapa

besuqueando estucos y gotelés

 

el espacio que se respira

entre casa y casa

entre puerta y puerta

 

el tiempo de cada cosa

de cada casa

 

la casa con casa que no es

la casa caja

de zapatos

 

y a mitad de la cuadra

recortada de su recorte

la casa del árbol rojo

 

el árbol rojo

enclenque aún

palito en sí

desafiando las cuatro paredes

de jardín interior

tirando estoicamente para arriba

tirando estoicamente para abajo

 

y el grupo de viejas

tomando el té con pastas

cacareando como gallinas

ocupando el espacio árbol

apocándolo con su presencia

 

la casa blanca

de tejado rojo

rojo ladrillo

rojo naranja

rojo miserable

 

el árbol rojo

rojo ensañado

rojo aquí no me quedo

rojo te vas a enterar lo que vale un peine

 

y las viejas con su té

en su casa maqueta

en su cuadra recortada

(del tiempo)

en sus tacitas de porcelana

 

mientras el árbol arriba

crece

se expande

y como el universo

no termina

 

acer

Preguntas, respuestas

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Esto no sé si tiene nombre, como los Liebster Awards, pero el caso es que a Selene le gustan las preguntas tanto como a mí, así que aquí estamos, conociéndonos un poco más. Por cierto, como ya te dije por fbk, me encantó tu presentación. Y cuando hablo en alemán tengo acento-de-extranjero-genérico, el pobre acento cordobés ha quedado bastante relegado por el madrileño. Gracias por lo de la “bocanda de aire fresco”, una vez un muchacho me dijo algo muy parecido y me enamoré un poco; ahora creo que voy a empezar a creérmelo :)

Bueno, aquí van las preguntas con sus respuestas:

1. ¿Qué estás escribiendo ahora mismo?

Entre otras cosas:
– Un no-poema del estilo de Komorebi, pero espero que mejor.
– La historia de Talita, la cyborg (sí, ya sé que estoy tardando un montón, pero es que cada vez que me pongo se me hace la picha un lío con todo lo que quiero contar).
– Un anecdotario de uno de mis personajes del Dungeons & Dragons.
– Una lista de pelis que cada cierto tiempo necesito imperiosamente volver a ver.

2. ¿En qué difiere tu escritura de la de otros que desarrollan el mismo género?

Perdón, ¿qué género? ¿El potuso? No sé, la verdad. Supongo que cuando uno escribe de forma sincera le da un toque a sus cosas que nada más lo tiene. Pero bueno, también puedo estar diciendo pelotudeces; al final siempre nos contaminamos los unos a los otros, y eso mola.

3. ¿Por qué escribís lo que escribís?

No tengo justificante para esto, su señoría. Soy la persona más inconstante que me conozco, sin embargo la escritura está ahí desde siempre. A veces más, a veces menos, pero siempre vuelve. Como una enfermedad crónica. Sigh…

4. ¿Cómo es tu proceso de escritura?

CAÓTICO. Increíblemente caótico: tengo cuadernos, libretas, hojas sueltas, agendas, anotadores, post its, documentos de Office, borradores en Wordpress… todos llenos de anotaciones y de ideas a medio escribir. Dan vueltas por mi escritorio, la casa, mis bolsos, van y vienen, desaparecen. Un día encuentro alguno y de la relectura rescato una frase o idea y empiezo algo nuevo. Lo dejo macerando unos meses, me olvido. De repente reaparece, lo cacho en el aire, lo desarrollo y lo publico. Por eso odio corregir, porque en el proceso corro el riesgo de perderme en la estratósfera. Y por eso mismo tampoco soy capaz de escribir textos largos.
Bueno, y ahora se supondría que tengo que preguntar yo, ¿no? El caso es que como no quiero resultar pesada y acá somos pocos y nos conocemos mucho, no voy a preguntarle a nadie en concreto, nomás dejaré caer las preguntas a mi manera:

1. ¿Se podría adivinar por el título de tus posts de qué va el post que escribiste?

2. ¿Leés los blogs en un feed porque te resulta cómodo o porque algunos son increíblemente feos? (Cabe la posibilidad de que ni siquiera sepas lo que es un feed. No pasa nada).

3. ¿En qué te inspirás para escribir? ¿Y para leer?

4. ¿Cómo llegaste hasta acá? Y no vale responder que fue una serie de eventos que se desarrollaron de manera tal para que etcétera. Porque ya sabemos que esa es la respuesta fácil.

Sobre los procesos creativos

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“Lo más duro fue la posproducción. Como los productores no permitieron que la película durara 12 horas como el director quería inicialmente, tuvimos que apañarnos con lo que había. Finalmente, y gracias a una manipulación espacio-temporal, conseguimos un resultado más que satisfactorio: la película dura 12 años justitos.” James Roque, sobre Twelve Years a Slave.

 

“[…] tú piensa que desde la [película] del fauno [a del Toro] le tratan de maricón. ¿Qué habrías hecho tú para levantar la imagen? ¿Eh?”. Travis Beacham, sobre Pacific Rim.

 

“Yo lo que tuve fue suerte, y hace tiempo ya.” M. Night Shyamalan, sobre After Earth.

 

“La idea era que quedara como un videoclip, pero largo. ¡Con decirte que no sé ni de qué va la peli! (risas)” Hoyte Van Hoytema, sobre Her.

 

“¿Tan mal está decir que Loki me pone?” Talita Traveler, sobre Thor.

Hechos inquietantes

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- Una canción de Bisbal dice en el estribillo hemos llegado a un punto de inflexión.

– Benedict Cumberbatch se parece a la mamá de Kevin de Mi pobre angelito/ Solo en casa.

– El pepino sabe parecido a la sandía.

– Aún no se publican los últimos dos libros de la saga Una canción de hielo y fuego.

– Chuck Norris se llama Carlos.

– Hay gente que le da al me gusta a sus propias publicaciones.

– Se podría hacer un enganchadito entre este tema de Peter Gabriel:

y este de Zucchero:

– Un monumento en Madrid afirma que Perón fue paladín de la amistad argentino española.

– Hay gente a la que le gusta los gatetes en internet, mas no en la vida real.

– Cuando corres con pantalones grises parece que te has hecho pis.