Cosas de las que me avergüenzo

Estándar

Le estoy agarrando el gusto a esto de las listas, porque además de pasármelo pipa cuando las hago, son un respiro. Con esto no quiero decir que escribir a veces sea un parto, lo estoy afirmando. Yo escribo no sé muy bien por qué, nadie me obliga. O tal vez sí, tal vez tenga un Garnilofante adentro que me apunta con un arma, porque si no no se explica tanta obsecuencia. En fin, que para esos momentos en que las historias se traban y los personajes andan más perdidos que chupete en el traste, nada mejor que una lista que ventile las neuronas.
Esta es más personal que las anteriores, pero como sé que ustedes son unos cotillas les va a gustar: las cosas de las que me avergüenzo. Como siempre, en estricto orden aleatorio.
 
 

1) Me avergüenzo de haber sido fanática de Rodrigo. De las que lloraban en sus conciertos y de las que cayeron en una profunda depresión cuando el muchacho estiró la pata.
 



 
2) Me avergüenzo de que me encanten los cupcakes y las tartas bonitas -espero que El Comidista no llegue nunca a leer esto-. Semejante mariconada es completamente anti-Talita.
 
Subo una un poco geek para que no me terminen de perder el respeto.

Subo una un poco geek para que no me terminen de perder el respeto.


 
3) Me avergüenzo de mis amplios desconocimientos en materia de geografía. La cosa es tal que Axel me felicita cada vez que acierto a alguna de sus trivias. La última vez se sorprendió de que supiera dónde estaba la Isla de Pascua y a qué país pertenecía. Es normal teniendo en cuenta que hasta hace poco yo confundía Austria (sí, ese lugar que está LITERALMENTE pegado al país donde actualmente resido) con Australia.
 
4) Me avergüenzo, no de haber sido fanática de Pokémon -porque fue una de las cosas que estableció las bases de mi frikismo- si no de haber llegado el extremo de torturar a mis amigos dibujándoselos en tarjetas de navidad.
 
Este no lo dibujé yo, sino un compañero de clase para pedirme disculpas por algo. Sabía lo que hacía.

Este no lo dibujé yo, sino un compañero de clase para pedirme disculpas por algo. Sabía lo que hacía.


 
5) Me avergüenzo de leer menos de lo que debería. Se supone que los escritores deberían leer, ¿no? Pues eso.
 
6) Me avergüenzo de que en algún momento de mi vida este tipo me haya parecido romántico:
 


7) Me avergüenzo de lo increíblemente sorete que fui con algunas que personas que no se lo merecían. Con las que se lo merecían, no.
 
8) Me avergüenzo del corte que pelo que tenía a los 12 años:
 

No es un nene, es Talita de pequeña.

No es un nene, es Talita de pequeña.


 
9) Me avergüenzo de que todavía me guste esta canción:
 


10) Me avergüenzo de dejarme obnubilar fácilmente por gente que luego me decepcionará porque no es lo maravillosamente genial que en un principio me había parecido.
 
11) Me avergüenzo de no haber trabajado nunca en algo que realmente me gustara (yendo acompañado en este caso el verbo trabajar con el verbo cobrar).

Mango

 
12) Me avergüenzo de las veces en que se me escapa la hijauniquez o el paletismo, siendo estos los momentos en que me como todo el paquete de galletitas sin dejarle ni una a Axel o cuando repito como un loro algo que escuché sin pararme a pensar en lo que estoy diciendo.
 
 

Así y todo, no me avergüenzo de cosas tales como:

1) Lo machona que era cuando era chica (remitirse a la foto del punto 9). La femineidad no es lo mío.
 
2) Lo mersa que es la música de los ’80 y el amor incondicional que le profeso.
 


 
3) El quilombo que es generalmente mi casa, mi habitación, mi cocina y mí misma.
 
4) Lo insoportable que soy con los gatitos y lo insoportable que voy a ser con los perritos cuando tenga uno.
 

Con el gatito que más insoportable soy: Guzmán el Bueno.

Con el gatito que más insoportable soy: Guzmán el Bueno.

 

Y ustedes, sabandijas, ¿de qué se avergüenzan?

Memoires

Estándar

Entre tanto borrador incompleto y búsqueda absurda de inspiración se me ocurrió escribir sobre mi ciudad de origen. Hablando mal y pronto Rio Cuarto me parece una cagada, así que quise ampliar mi espectro revolviendo entre mis antiguos diarios íntimos. Se podría decir que hasta ahora la hazaña ha dado buenos resultados, ya que me ha hecho recordar momentos entrañables de mi historia. He repasado mi vida entre los años ’96 y ’98 y ha sido muy bonito. Pero como la ciudad me sigue pareciendo una cagada, he decidido hacer un análisis más concienzudo y escribir sobre ella más adelante. Tampoco es cuestión.

Así que aprovecharé esta pequeña entrada (que sólo subo para que estén al tanto de que no estiré la pata) para citarme a mis tiernos trece años. El año es el ’97 y las frases las copiaré textualmente, porque hasta los errores ortográficos me parecen adorables.

 

Cita 1:

“Me estoy olvidando de una cosa muy graciosa. Hace como dos días tuve un sueño que se trataba de Joaquín (corazón). Resulta que en un armario había libros y yo lo abrí y saqué un diario íntimo, y era de Joaquín (corazón). Yo tenía la llave entonces lo leí. Cuando se enteró se largó a llorar y yo le decía ‘por favor perdoname’, entonces lo abrazé y traté de consolarlo y paró de llorar.

Y me desperté.

¿No es estúpido?”

 
Cita 2:

“Ayer vino Jose a la casa de mi papá y jugamos un rato largo. Se enojó porque me preguntó de que hablo con la Guada y yo le dije que de chicos, pero no fue por eso, fue porque yo le dije que  con ella no se hablar de eso, ya que no le gusta nadie. Hablamos un rato del tema pero se cansa rápido, yo no me canso nunca de hablar de potros¹.”

 

Cita 3: 

“El Bruno no creo que guste de mí porque siempre viene con migo cuando tengo comida.”

 

Cita 4:

“Después comimos salchichas, huevo, mandarina y bombones.”

 

Cita 5:

“A MI CRITERIO, AQUÍ EMPIEZA MI ADOLESCENCIA².”

 

Cita 6:

“Te cuento que estoy muy confunsa, porque creo que me acordé de Santi y de lo que sentía por él. [...] Jugamos al football y al cinco pega, cuando me di cuenta de que había alguien, su nombre, Mati, idéntico a Santi. ¿Por qué? Ahora no sé que hacer.

Primero era Pablo, después Pablo y Mauri y ahora ¿será que todo comenzó de nuevo? ¿Será que me gusta Santi? Tengo que pensar esto muy seriamente. [...] Ya tomé una decisión voy a gustar de Mauri y voy a tratar de olvidarme de (sobretodo) Santi.”

 
 

Ya habrá tiempo para hablar de Rio IV.
Bis dann! :)

 
 

¹Potro: Buen mozo, atractivo. Macizorro.

²Escrito a posteriori en el margen superior izquierdo de una página.

Involución

Estándar

Esta gente:


es la misma que esta:


 

 

Tsk, tsk.

Encuentros cercanos del tercer tipo

Estándar

-¿Pero no te da vergüenza salir a la calle así? -me preguntó Irene, una de mis encargadas en Mango.

-¿Así cómo? -le dije yo.

-Pues con la cara como la tienes…

-Hombre, si quieres no vengo a currar -le contesté todavía incrédula de lo que había escuchado.

Hacía unos días me habían salido unas manchas rojas en la frente que parecían volverse loquitas con el polvo del almacén donde trabajaba. Yo intentaba no rascármelas por pura lógica, pero no era tan fácil: la cara debe ser de lo que más nos toqueteamos, por lo menos en público.

Cuando vi que la cosa no mejoraba espontáneamente fui a mi médico de cabecera. Sus conocimientos en el campo dermatológico lograron que las manchas me picaran el triple que antes y que, en añadidura, me escocieran. Mea culpa por creer que la misma persona que me dijo que tal vez mis hipoglucemias tenían algo que ver con un exceso de insulina -pero que mejor se lo preguntara a mi endocrino- iba a solucionarme el problema.

De alguna manera conseguí evadir el eficaz sistema sanitario español evitándome así de tres a cuatro meses de espera, pero como tampoco me lo iban a poner en bandeja tuve que ir a un dermatólogo a tomar por culo. Seguro que era por la línea violeta de Metro: nadie sabe qué hay ahí, ni los españoles ni los inmigrantes que viven en Lavapiés. Misterio absoluto.

Llegué al lugar con un librito de Cortázar bajo el brazo (el metro y las largas distancias crean una raza subterránea autóctona de este medio de transporte: el lector), parecía un área abandonada. Edificios a medio hacer, baldíos con cimientos dejados de la mano de Dios. Caminé por las calles mojadas hasta que finalmente encontré el centro de salud: se parecía más a una casa de barrio de Rio Cuarto que a un consultorio.

Mientras esperaba leí De la simetría interplanetaria y algún otro cuento más de La otra orilla. Eso enrareció más el ambiente de casadebarrioriocuartense, ya que el Córtazar que yo conocía, el de Rayuela o Bestiario por ejemplo, poco tenía que ver con el que estaba leyendo en ese momento. Eran textos -algunos más que otros- que todavía no tenían esa esencia tan reconocible a los ojos de los que nos hemos chupado casi toda su bibliografía. Cuentos extraños en un lugar extraño. Él hubiera estado encantado.

Cuando por fin entré a la consulta casi no me dio tiempo a sentarme: apenas verme, la dermatóloga dio un respingo en la silla y salió farfullando de la habitación. Me quedé un momento a solas con una practicante que me miraba con el mismo asombro con que yo contemplaba la situación, cuando la especialista volvió a entrar en la habitación armada de una cámara digital y, sin tomarlo ni beberlo, empezó a sacarme fotos. Mientras tanto no paraba de hablar y contarle cosas a la practicante que ahora me miraba con interés científico. No recuerdo mucho más allá de la sesión fotográfica, y con suerte llegué a enterarme de que lo que tenía eran verrugas (verrugas??) y que debía aplicarme una pomadita que a los pocos días me devolvió una cara incluso mejorada.

Ahora, siempre que vuelvo a esta anécdota, además de preguntarme adónde cuernos habrán ido a parar esas fotos, pienso en lo mismo: Irene realmente creía que yo era un bicho raro por no intentar tapar esas manchas con maquillaje. Mientras que para mí lo de otro planeta era que alguien disfrutase viendo Gran Hermano y leyendo Crepúsculo.

Grandes científicos afirman

Estándar

Hay un Berro sentado en la falda de un Orgitorrinco. En el límite que separa al Berro del Orgitorrinco encontramos una importante plantación de Gladiolos, todos de sexo masculino, dentro de los cuales habitan, por lo menos, catorce Garnilofantes (la población puede llegar hasta trescientos. Más no). Cada Garnilofante produce al año entre dos y dos millones de Estornudaciones. Cada Estornudación produce a su vez, en primavera, Tiranosaurios. Los hay rex o kesitas, dependiendo  de los factores climáticos. Dentro de los Tiranosaurios kesitas, más precisamente dentro de sus Hespérides vive una especie de batracio conocido con el nombre de Carlos. Los Carlos son populares por manufacturar y traficar Asperoides, seres que viven a base de alcoholes, ya que si consumen agua, se oxidan. En los torrentes alcohólidos de los Asperoides flotan todo tipo de Botellas de cristal: verdes, blancas e incluso marrones. En las Botellas verdes crecen Paleontólogas urmánidas (paleontologae urmanidae) que se dedican al cultivo de la Sopapa. Cada Sopapa está recubierta de una fina membrana de Asteriscos, que crecen en libertad hasta que el tiempo se acaba y vuelve a empezar. En un determinado Asterisco encontramos el Universo, repleto de, entre otras cosas, Galaxias. Dentro de las Galaxias tenemos Tierras, en las cuales habitan desde Potuses hasta Estúpidos, pasando por Molderatios y Prepónidos. Los Prepónidos tienen una inteligencia ulterior. Los Estúpidos no.

Musiserialidad

Estándar

ArrestedDe las muchas cosas que he de agradecerle a Axel, la seriefilia es una de las que me generan particular regocijo. Yo era de las que decían “sí, veo un capítulo cada tanto, pero tampoco es que me enganche”. Claro, eso es porque miraba pelotudeces como Anatomía de Grey o Medium. Cuando empezás a ver cosas buenas, la perspectiva cambia.

El post que preparé para hoy no es una simple lista de series. Es una lista de canciones, las canciones de esas series que a mí me cambiaron. Van con una pequeña descripción para que ustedes adivinen, jueguen o recuerden. Con suerte los inspiro a ver algo nuevo, o a rever algo viejo. En cualquiera de los dos casos  van a disfrutar como enanos, que de eso se trata.

El orden es aleatorio, algunas del final me gustan tanto como las primeras.

Salut!

1) Si los rumores son ciertos y tenemos más de la familia Bluth este año, me compro un puesto de bananas y lo quemo.


2) ¿De verdad hay todavía gente que tiene la osadía de no haber visto esta serie? ¡Si yo escucho la intro y me dan ganas de verla otra vez!


3) Seis capítulos nos han dado hasta ahora y no sabemos cuándo tendremos más. La desesperación golpea nuestras puertas.


4) Empezamos a verla sin mucha fe. Hoy sabemos que cuando termine, seremos infelices.


5) Toda la epicidad del mundo concentrada en una sola serie. Este año esperamos la tercera temporada.


6) Si hay alguien que aún no la vio, es porque no se ha pasado por el blog de Francesc.


7) Zach Braff vive y vivirá para siempre en nuestros corazones como el doctor Dorian.


8) No es una canción de la intro porque la serie no la tiene, ni la necesita. Sr. Brooker: tres capítulos por temporada es muy poco. Y más cuando hace cosas como ésta.


9) El que deje de ver esta serie porque va de robots y naves espaciales es, resumiendo, un pelotudo.


10) Otra que no tiene intro. La canción que puse está en una maravillosa escena del primer capítulo. Brooker, vísceras y Gran hermano. ¿Quién se resiste a semejante tentación?


11) Esta se la debemos a mis blogamigos orsaiders. Un gran comienzo para una gran blogamistad.


12) “Fire walk with me”. Si la frase no les suena, el tema de Angelo Badalamenti seguro que sí.


13) Chris Carter es el padre de todas las conspiraciones. We all want to believe gracias a él.


14) No es el tema de la intro, sino uno que se escucha en el primer capítulo. Son nuestros héroes neozelandeses.


15) Eh, que nosotros también podemos hacer cosas buenas. Lo mejor del producto nacional. De Campanella, cómo no.


16) Solamente decir que también es de Brooker. Que son dos capitulines y que este año esperamos nueva temporada.


17) El futuro viene interesante.


18) Por mucha polémica que haya desatado su final, a mí me encantó. Va un tema de la escena más conocida.


19) ¿Hay alguien de mi generación que no lo haya pasado bomba con esta serie? ¿En serio? Mentira.


20) ¡Aliens! ¡Abducciones! ¡Regocijo!


Y para cerrar: una gran presentación con una excelente música para una serie de mierda.

Descubren las Minas de Moria – Titulares II

Estándar

Sábado, 09 febrero 2013

CULTURA-SOCIEDAD

Descubren las Minas de Moria

J.R.R. Tolkien no sería un escritor de ficción sino un historiador en toda regla.

REUTERS – MENDOZA

Caradhras, el nombre real del Aconcagua

El fascinante hallazgo fue llevado a cabo por dos excursionistas que habían emprendido la ascensión al Aconcagua. Atraídos por -según declaraciones de los protagonistas- una extraño llamado, se alejaron de la ruta normal unos siete kilómetros al este desde el campamento Berlín, llegando a las dos horas a un claro que les resultaba sorpresivamente familiar. Cuando finalmente uno de ellos cayó en la cuenta de que era el mismísimo Caradhras y no el Aconcagua lo que habían escalado perdió el conocimiento. Al volver en sí le explicó extasiado a su compañero que se encontraban ante las puertas de Khazad-dûm o, como mejor se conoce en la actualidad, en las Minas de Moria. Al recibir la noticia y reconocer el lugar como el descrito, el joven de desvaneció de inmediato.

Las Puertas de Moria

Las Puertas de Moria en épocas de antaño

Una vez ambos estuvieron en pleno uso de sus facultades, decidieron  poner a prueba su fe pronunciando la palabra que sabían abriría las puertas¹. Si bien no contaban con la ayuda de la luna ni de las estrellas para vislumbrar las líneas de plata que definían los contornos de las hojas y de las escrituras tan hábilmente grabadas por la mano de Celebrimbor, Señor de Eregion, tenían la templanza y seguridad necesaria para saber que el camino se revelaría irremediablemente ante ellos. Declamaran pues la palabra que en Noldorin significa “amigo”: mellon. Y las puertas se abrieron.

Moria supo ser una de las mayores ciudades enanas en sus épocas de esplendor, mas hoy en día es temida por el mal que en sus entrañas alberga (el Daño de Durin). Su descubrimiento ha provocado reacciones encontradas: están quienes lo consideran un mensaje, un aviso de que la historia está aún por escribirse (los iluminados o hijos de Ilúvatar) y quienes se sienten estafados por la falta de precisión del autor (los oscuros o los que no vieron la luz de Aman y por lo tanto que no llegaron allí en los días de los Dos Árboles no pudiendo así contemplar su belleza). Si bien ambas vertientes mantienen el tolkianismo como creencia principal, la discordia ha llegado hasta la base misma del Aconcagua/Caradhras, donde se halla el mayor asentamiento de seguidores en la actualidad. Los representantes principales de estos grupos son el cineasta Peter Jackson (para los iluminados) y el jugador de rol Vince Diesel (para los oscuros): ambos han estado pugnando desde su arrivo, tanto entre sí como contra la barrera de seguridad que el estado argentino ha establecido en la zona como medida preventiva.

Ubicación de las minas en la Tierra Media

El cordón policial, conformado por 237 agentes y 74 bullys espontáneos, ha conseguido contener momentáneamente la turba de fanáticos y ha accedido dar paso a Jackson y a Diesel tras una convincente charla -que fue acompañada de un ejemplar de El Silmarillion con varios mullidos sobres entre sus páginas- en la que acordaron “compartir la torta” en el caso de que la hubiera. También han accedido a la solicitud de llevar a nuestro corresponsal Horacio Aragona -que se encontraba en el lugar cubriendo la noticia- por motivos apellidales y a una mula de carga por motivos supervivales.

Actualmente nos encontramos a la espera de noticias de nuestro corresponsal. La teoría más fuerte que de momento se baraja es que la Comunidad del anillo aún no ha pasado por el lugar, por lo que lo más probable es que se organice un comité de bienvenida junto con un punto de información para evitar sorpresas y muertes innecesarias.
¹ Como medida preventoria cada uno bebió un litro de coca-cola y se comió un sánguche de mortadela.

Siete (Parte V)

Estándar

Cinco

 

—Todavía nos faltan los prospectos —dijo Oni revisando sus anotaciones.

Martita se había dormido a los pies de Juan, que ahora tomaba un té con leche. Oni anotaba y escribía cosas sentado en un sillón de mimbre.

—Yo ya estoy en eso —dijo Nené llegando—. Tengo a la 12 a cargo.

—¿La 12 sabe? —preguntó Oni sorprendido.

—La 12 sabe todo, es nuestro contacto interno. Sin ella…

—¡Y yo que pensaba que era una botona!

—Las cosas no siempre son lo que parecen, querido.

—Bueno, entonces ella se ocupa de los prospectos —intervino Juan—. ¿Va a venir también a la reunión?

—No, no. Ella se ocupa de la logística nomás, que si la llegan a agarrar con las manos en la masa se le acaban los privilegios. ¿A qué hora arrancamos? —preguntó sentándose en un sillón que quedaba libre.

—La hora prevista es la una —contestó Oni— pero puede variar según la emoción con que empinen el codo, así que hay que estar atentos a los mensajes cifrados.

—¿Mensajes cifrados? —preguntó Nené achinando los ojos.

—Los golpecitos en la pared —dijo Juan después de un sorbo.

—Ah.

Alfredo volvió, pero con la jaula y Roberto dentro de ella.

—¿Qué pasó? —preguntó Juan un poco desconcertado— ¿No habían quedado en que no más jaula?

—Sí, pero mirá —dijo Alfredo abriendo la puertita y apoyando la jaula en el suelo. Roberto salió, husmeó a Martita y a los troncos que estaban al lado de la chimenea, y apenas sintió el calor del fuego cerca frunció el hocico y volvió presto a su jaula. Se acomodó en su cucha, predisponiéndose a dormir, cuando Alfredo hizo el ademán de trabar la puerta. De inmediato Roberto levantó la cabeza e irguió las orejas, deteniendo así el amague de Alfredo.

—¿Ven? Necesita creer que es libre, ¡como la gente! —dijo Alfredo satisfecho.

—A veces yo no sé si vos sos o te hacés —dijo Oni después de reflexionar un momento.

—¡Oni! —lo retó Nené.

—¡Pero si es verdad!

—¿Usté no puede escribir solo o se hace?

—¿Cómo me voy a hacer? Si…

—¡Entonces chitón!

—Perdón —dijo bajando la cabeza.

Nené le guiñó un ojo a Alfredo y se levantó.

—Me voy a hacer unos mates, que esa chanchada que está tomando Juan me dejó mal cuerpo.

—¡Ah, Nené! —gritó Alfredo—. Dice la 12 que te dejó el chalcito que le pediste en tu pieza.

Fin parte cinco

 

Monstruos reales

Estándar

Hace un tiempo que pienso y repienso en el caso de Marita Verón. Más allá del horror de la situación en general (la trata, los secuestros, la mafia en la política y los juzgados y un largo etcétera) hay algo que no me puedo sacar de la cabeza: la mitad de los acusados son mujeres. ¡Mujeres! Mujeres que podrían ser o haber sido víctimas de la trata -de hecho creo que una de ellas lo fue-, mujeres que tienen como yo un útero, un par de ovarios y de trompas de Falopio; esos órganos que nos diferencian del hombre y que nos convierten sumado a otras cosas en el sexo débil, las víctimas de este tipo de negocios.

El caso es que pienso en estos seres que contra toda naturaleza se dedican a raptar, vejar, esclavizar y demás verbos del estilo que puedan imaginarse para vivir como reyes; y lo que yo me pregunto es: ¿no existe en esta gente un atisbo de sentimiento, un algo que les cuestione en su fuero interno lo que están haciendo? Ahora mismo estoy leyendo “Crimen y castigo” y la lucha interior por la que atraviesa el pobre Raskolnikov te hacen sentir hasta lástima por él. Eso, pobre Raskolnikov, uno siente empatía. Pero estos de quienes hablo parecen carecer de eso que las personas normales (o las personas como yo, que uno ya empieza a cuestionarse que es lo normal en esta sociedad) tienen: conciencia. Parece como si se hubieran despojado de ella en los años más tempranos de su vida, cosa que tal vez sea cierta pues la manera en la que me han educado a mí tiene que ser rotundamente diferente a la de estos tipos. Supongamos que de chicos los molieron a palos, o que desde siempre lo normal para ellos fuera estar rodeados de gente sometida a sus deseos, o que la única meta que les pusieron entre ceja y ceja es ir detrás del poder a cualquier costo. Pueden existir mil razones, pero yo sigo preguntándome lo mismo: ¿tan pisoteada está esa noción del otro para que actúen de la manera en que lo hacen? Y digo del otro, de aquél que es ajeno a mí, porque como todo el mundo sabe, Hitler quería mucho a su perro. El otro, LA otra; esa mujer que tiene en las entrañas lo mismo que yo y lo mismo que las acusadas.

 Algo tiene que haberse perdido en el camino. Y lo más terrible es que eso de lo que carecen, es lo que a mi criterio nos hace personas. Bajo ese razonamiento pues, debería dejar de indagar, ya que la respuesta está clara. Esos seres no son personas. Esas no son mujeres.

Siete (Parte IV)

Estándar

Cuatro

Después del almuerzo, mientras cada uno recogía su plato, Alfredo se dedicaba a juntar los restos de ensalada que quedaban en los boles.

—El bol después me lo devuelve, eh —dijo la 12 mirándolo seria.
—Por supuesto —contestó Alfredo ofendido—, ¿cuándo ha sido la vez que no se lo devolví?
—Por las dudas. Que acá hay mucho chorro —contestó la 12 dándose vuelta y yendo hacia a la cocina.
—Pff. Loca —dijo Alfredo por lo bajo mientras seguía juntando lechugas.

Apenas terminó, salió ensalada en mano a buscar a Roberto que, naturalmente, se le había escapado en el patio. Juan le había dicho que era culpa suya, que no podía soltar al animal y después pretender que volviera cuando a él se le antojara. A lo mejor tenía razón, a lo mejor era Roberto el que debía decidir cuándo regresar.

 
Sos como el fuego, por donde pasás dejás tu rastro, tu marca. Mientras las llamas avanzan lentas, masticando despacio la madera, saboreándola antes de convertirla en carbón y luego en ceniza, vos te tragás la nada que ocurre en cada habitación de este lugarcito de mierda. Subís por las paredes y desaparecés esta triste pintura a la cal, la volvés rojos y naranjas intermitentes, que cuando saltan más allá y se mezclan con las mesas y las sillas se tornan azules y verdes, y cuando llegan a nosotros nos vuelve plenos, sin necesidad de nada más que nosotros mismos.
 

—¿Estás bien? —preguntó Juan. Martita, sentada en el suelo frente a la chimenea, asintió sin quitar la vista del fuego. Juan se sentó a su lado, sintiendo crujir sus rodillas.

 
Invadís todos los rincones capaces de ser alcanzados y destruís con una maravillosa e hipnótica danza todo lo que hemos sido alguna vez. Hasta que al final consiguen dominarte, aplacarte con pastillas y palabras vacías. Te atontan, hasta que consiguen controlarte, meterte adentro de una chimenea. Pero vos no te vas tan fácil. Dejás tu huella, una quemadura que arde todo el tiempo recordándome que estás, que seguís estando y que siempre vas a estar. Una herida dolorosa, pero tan necesaria…
 

—Es como vos —dijo Juan señalando las llamas con un gesto—, peligroso cuando está fuera de control.

Martita sonrió.

—¡Juan! —gritó Alfredo entrando — ¡Tenías razón!

Emocionado, Alfredo empezó a contarles cómo había pensado en lo que Juan le había dicho, eso de que no podía ser que Roberto tuviera que volver siempre que él quisiera y se dio cuenta de que Roberto, como todos ellos, tiene sus necesidades, y que por ahí le daban ganas de quedarse en el patio tomando solcito o comiendo pasto, que era algo que también le gustaba mucho. Entonces lo que él había hecho había sido sentarse en el escalón de la galería a esperar con la ensalada, sin llamarlo ni nada y que a los veinte minutos más o menos ahí se había presentado el solito, -seguro que porque ya le había empezado a picar el bagre, porque el pasto será muy rico pero no llena. Se había acercado despacito, olfateando el aire y midiendo terreno, pero no terminaba de llegar nunca o con cualquier movimiento daba un respingo y reculaba; entonces Alfredo se dio cuenta, fijate vos, de que con lo que el bicho no quería saber nada era con la jaula -con lo linda que se la tengo siempre-, entonces lo que había hecho fue, despacio para que no saliera disparado, cerrar la puertita de la jaula, levantarse y llevarla adentro, todo esto con Roberto mirando sin entender muy bien qué pasaba, a medio camino entre quedarse ahí y salir rajando. Entonces Alfredo se sentó de nuevo en el escalón de la galería con la ensalada adelante, y cuando Roberto empezó a acercarse, todavía husmeando pero con más confianza, le empezó a contar el menú para que al escuchar las cosas que le gustan terminara de decidirse: hoy tenemos lechuga, por supuesto, tomate, zanahoria, huevo –pero si querés se lo sacamos, la cebolla ya se la saqué- y la novedad es el rabanito: no lo probaste nunca pero creo que te va a gustar, es medio picantito, dijo mientras Roberto ya metía el hocico en el bol y separaba lo que más le gustaba de lo que menos, siempre echándole un ojo a Alfredo que no hacía más que estarse quieto esperando. Así hasta que terminó de comer y Alfredo le explicó la situación: a partir de ahora no iba a haber más traba en la jaula -pero esperaba que la siguiera usando porque la había decorado especialmente para él- y podía andar por el patio todo el tiempo que quisiera -pero esperaba que no volviera muy tarde porque si no iba a preocuparse. Parecía que a Roberto le había gustado la idea porque se puso en dos patitas, lo miró un poco de costado y se fue a perseguir un bichito que había por ahí revoloteando. Y ahora si lo disculpaban Alfredo tenía que devolverle el bol a la 12, porque si no después andaba diciendo que acá somos todos chorros, habrase visto.
 

Alfredo es como una brisa suave que aplaca el ardor. Tal vez el alivio esté en ellos.
 

Fin parte cuatro